jueves, 9 de julio de 2015

El malestar y la impotencia de los docentes frente a las Reformas y las evaluaciones homogeneizadoras


"En el origen de los sistemas educativos universales, los docentes fueron percibidos como uno de los pilares de la construcción de la identidad nacional y rodeados, por ello, de un significativo prestigio social; en periodos posteriores fueron percibidos como profesionales técnicamente responsables de los resultados de aprendizaje de los alumnos y, en ese contexto, culpabilizados por el fracaso de la escuela o victimizados por el deterioro de las condiciones en las cuales desarrollan sus tareas".

Juan Carlos Tedesco, 2005.






En los últimos meses, hemos sido testigos de un fenómeno nuevo, en el que los maestros y maestras mexicanos expresan abiertamente su inconformidad, molestia y enojo, respecto a la actuación del gobierno sobre la evaluación del desempeño docente y en general su reforma educativa.  Estamos hablando de que no sólo los maestros que regularmente se manifiestan a través de la disidente Coordinadora de Trabajadores de la Educación, CNTE. Sino que emergen en diferentes secciones del país las voces inconformes, organizan mítines espontáneos, convocados desde las redes sociales, escolares y locales.


Lo cierto es que la Reforma educativa actual se ha concentrado en evaluar el desempeño de los maestros, y ha generado desconfianza, temor e incertidumbre, porque por primera vez, se anuncia el peso laboral de la evaluación, ya que si los maestros salen mal, al tercer resultado desfavorable, serán retirados de su empleo de profesores. En sus manifestaciones, los maestros llevan cartulinas que dicen que la reforma no es educativa sino laboral, no hay duda de que tienen razón.


Desde la década de los noventas, hemos vivido grandes cambios en la educación, por una parte por la inserción de nuevas tecnologías de la información que anunciaban nuevas vías de conocimiento en las escuelas y por otra por la imposición de sistemas y reglas neoliberales que impactaban en los contenidos y en las formas de contratación de los docentes en todo el mundo. Algunos tecnócratas llegaron a sugerir incluso que los maestros se convertirían en estorbos innecesarios.


Lo cierto es que la identidad docente está en crisis y no ha habido una reforma educativa capaz de ofrecer formas alternativas y efectivas para rearticular y afianzar la nueva identidad profesional de los docentes, en tiempos de globalización y de grandes desafíos para los proyectos educativos y culturales.


En las redes sociales, mediante las cuales los maestros intercambian opiniones y datos sobre los acontecimientos que les afectan, expresan dudas sobre su futuro, sobre las dificultades para sostener los logros laborales que conquistaron a lo largo del siglo XX. Por ejemplo, una maestra pregunta si mantendrán su seguro médico, si su jubilación continuará en los mismos términos, si sus ingresos frente a la diferenciación salarial serán suficientes, pero sobretodo se preguntan si conservarán su empleo.


Los procesos de evaluación de maestros, no son comprendidos aún por los docentes y por la sociedad, por ello los primeros no la aceptan y la sociedad –bajo el influjo de los medios- ve a los maestros que se resisten con poca solidaridad, porque se supone que los maestros no deben temer a los exámenes.


Lo visible es una desconfianza generalizada, en la que aparece por un lado, un gobierno que no logró convencer con una reforma educativa integral y mucho menos con sus estrategias para impulsarla. Así como una reforma que coloca el centro de sus acciones en evaluar a los docentes, sin convencer acerca de cómo la evaluación puede generar las nuevas identidades profesionales que se requieren para mejorar la calidad del desempeño de los maestros.


El investigador argentino Emilio Tenti, ya alertaba desde hace una década, que el oficio docente se estaba transformando, en formas tales que:


a)         La docencia ha sido una ocupación en desarrollo cuantitativo permanente, al ritmo de crecimiento  de la población, pero no de la economía o de otros aspectos políticos y sociales. Este crecimiento también ensanchó la burocracia administradora de la educación, que se ha convertido en un aparato enorme y pesado.


b)         El oficio de maestro es diverso y no homogéneo como se creía en el pasado. El cuerpo docente no sólo es más heterogéneo, sino que también adquiere grados crecientes de desigualdad de sus condiciones laborales. Hay una pérdida de estatus, reconocimiento y de posiciones en la estructura social. El deterioro de la profesión se aprecia en pérdidas no sólo del poder adquisitivo de sus salarios y empobrecimiento de los docentes, sino de pérdida del valor simbólico de la profesión ante la sociedad.


Asimismo Tenti afirma que debe comprenderse la molestia y resistencia de los maestros, que no necesariamente es oposición a los contenidos sino a las formas de llevar a cabo las reformas, así como a los retos de los contextos de su trabajo:


La distancia considerable entre el modo tradicional de hacer el trabajo y el que requieren las actuales circunstancias tecnológicas, sociales y políticas puede explicar una difusa actitud defensiva y de sospecha, y el rechazo automático ante cualquier propuesta de innovación. Podría decirse que en muchos casos, esta actitud no debe interpretarse como una oposición lisa y llana al contenido de las reformas, sino al contexto (escasez de tiempo y recursos) y al modo de llevarlas a cabo (percepción de escasa consulta y participación, defectos en la capacitación, etcétera). (Tenti, 2005:23)

Los maestros siguen siendo una pieza importante para favorecer los nuevos saberes, valores y actitudes que requiere la sociedad actual.


Una inserción más ventajosa en el sistema económico mundial requiere de nuevos perfiles e identidades de los maestros. Lo cierto es que la estrategia del gobierno no ha sido exitosa para generar una reforma que garantice las transformaciones esperadas en los maestros, se está haciendo sin consensos, con procedimientos autoritarios y amenazas más que con el diálogo y la negociación, centralizando más que descentralizando; criminalizando a los maestros que ejercen su derecho a manifestarse; sosteniendo el pesado poder sindical tradicional que se caracteriza por su desinterés por la calidad educativa y por su voracidad para acceder a curules y puestos políticos.


Se trata de un contexto de crisis para conducir por buen camino a ese “pesado elefante reumático y artrítico” que es la Secretaría de Educación, como afirmaba Reyes Heroles cuando fue secretario de la misma. Ya llevamos un rato esperando que pongan al frente de la SEP a  líderes intelectuales a la altura de las circunstancias, capaces de conocer y comprender  los alcances de la transformación educativa.


Cuando menos deberíamos exigir que ofrezcan alguna coherencia en lo que piden a los maestros, pues actualmente se les pide habilidades para integrar conocimientos nuevos, trabajar colegiadamente en consejos, atender a la diversidad y favorecer nuevas formas de convivencia, prevenir la violencia;  realizar proyectos institucionales para obtener recursos económicos para cuestiones básicas de infraestructura de las escuelas; conocer múltiples formas de evaluación y aplicarlas en su trabajo como herramientas pedagógicas; generar evidencias de los logros de aprendizaje de los niños a lo largo del año para mostrarlas cuando lo evalúen en el aula; actualizarse en software y habilidades digitales en forma permanente; estar conectados y enterados para usar recursos de este tipo en la enseñanza como lo indican los libros, así como para estar disponibles ante las autoridades centrales.


En realidad  los maestros rurales e indígenas, así como los que se ubican en contextos de pobreza -sean de naturaleza rural o urbana-, serán los mayormente afectados para cumplir los nuevos perfiles. Pues en estos contextos, no hay ni las condiciones básicas para la enseñanza, son escuelas pobres, que demandan otras políticas públicas, por lo que la imposición de prácticas educativas homogéneas, pueden generar enfado, insatisfacción y falta de cohesión entre los maestros.


  Para cerrar, recuperamos una cita de Carlos Ornelas, que enuncia otros aspectos éticos y prácticas deseables del trabajo de los maestros que se siguen demandando por la sociedad:}


El reconocimiento social al quehacer de los maestros sólo sucederá, si a cambio de su disposición gremialista asumen actitudes de apertura y comprensión a muchos otros profesionales que se ocupan de la educación y demuestran con hechos que su ética de trabajo se reproduce en el salón de clases (los valores y actitudes se enseñan mejor con el ejemplo que con la prédica): siendo puntuales, cumplidos, honestos y diligentes.[…] estas cualidades y su ejercicio cotidiano son indispensables para  formar esa ética del trabajo que tanto reclama el país. (Ornelas, 1995  :334)



Referencias bibliográficas:
Tenti Fanfani, Emilio, La condición docente. Análisis comparado de la Argentina, Brasil, Perú y Uruguay, IIEP, UNESCO, Siglo XXI, Argentina, 2005.
Ornelas, Carlos, El sistema educativo mexicano. La transición de fin de siglo, Fondo de Cultura Económica, CIDE, México, 1995 (1ª, ed.), 2000.



viernes, 12 de junio de 2015

La difícil tarea de impulsar nuevas masculinidades y paternidades igualitarias desde las políticas públicas



"La hombría se definía tradicionalmente en términos de fuerza y competencia, ya fuera en el trabajo, en las relaciones sexuales o en el deporte. [...] A muchos hombres en la actualidad les resulta evidente que la vida no se resume en una competición deportiva que hay que ganar sea como sea, que las mujeres no son rivales a quienes es preciso superar. Llorar es lícito, y es importante encontrar el punto de equilibrio con nuestros semejantes femeninos –
sean amantes, esposas, compañeras de trabajo o amigas".
Donald Bell.



Ante la cercanía del festejo del Día del Padre, cabe la reflexión sobre las transformaciones que estamos presenciando en las instituciones para impulsar las políticas de equidad de género, llama la atención la apertura a festejar a los padres como parte de las acciones en torno a la igualdad. Nos preguntamos qué tanto se puede generar igualdad y en qué, cuando se sólo se convierte en una felicitación que se agrega en el calendario laboral.


Recordemos que a los padres se les festejaba en formas austeras y en privado, no era motivo de un especial pronunciamiento o gasto de las empresas, universidades, escuelas públicas, instituciones gubernamentales y otros espacios. Incluso representantes del comercio, declaraban que no era un día de grandes ventas, aunque se hiciera propaganda en los medios. Tradicionalmente el padre mexicano era y sigue siendo señalado como autoritario, violento, machista y ausente, por lo tanto no falta quien diga ¿qué exactamente festejamos?.
Sin duda subyace un esquema patriarcal, en el que se trataba de festejar a la paternidad o la maternidad como un mero acto biológico, por dar el milagro de la vida, no obstante la dimensión de tener hijos va más allá de ese momento de procreación, es una labor cada vez más compleja, en una sociedad moderna, pos-moderna y global. Hay muchas voces que claman por analizar la paternidad de otra manera, pues se trata de una relación que implica cuidado de los hijos y construcción de afectos intergeneracionales en una interacción permanente a lo largo de la existencia.


            Los estereotipos de género siguen dominando en los medios y en los festejos institucionales, porque realmente no hay una reflexión sobre los cambios en la paternidad y sobre lo que ello implica en los cambios en la masculinidad hegemónica. Lo cierto es que están emergiendo poco a poco, las nuevas masculinidades, de hombres que están a favor de la igualdad de género y también otros neomachismos, los llamados nuevos hombres son los que enfrentan en forma crítica los estereotipos aprendidos en la vida cotidiana. Estos hombres no se sienten devaluados por hacer trabajo doméstico o cuidar niños. Bañar bebés, cambiar pañales; atender y cuidar a los hijos en sus tareas o cuando están enfermos;  cocinar, planchar, lavar, fregar platos y el retrete, no son tareas que asuman como una tarea exclusiva de mujeres, sino como trabajos que se comparten y se realizan para dar confort y calidad a la vida de la familia. 


Es importante visualizar estas nuevas identidades de hombres, para favorecer su reproducción en los ámbitos educativos familiares y laborales, así como en los medios de difusión. Estas nuevas identidades las están descubriendo y definiendo de muchas formas los estudiosos de género, donde no dejan de  ser una novedad, para Coral Herrera:


Los nuevos hombres […] porque son más autónomos, se trabajan las emociones, se comunican mejor. No necesitan criadas y por eso no "ayudan" en casa, sino que asumen su responsabilidad total sobre las tareas domésticas y disfrutan de su paternidad.[…] no sufren tanto como los hombres tradicionales, son más creativos en la construcción de su identidad, y viven su masculinidad con más libertad y alegría. Supongo que es porque no se sienten tan presionados para mostrar su virilidad continuamente, como les sucede a los varones patriarcales.


La española Marina Subirats, que ha hecho estudios de género por décadas, insiste en el trabajo cultural y re-educativo que el estado y las familias, deben promover para cambiar las ideologías masculinas patriarcales actualmente dominantes, reconociendo que son transformables y que promover la igualdad de género equivale a trabajar también con los hombres, no solo con las mujeres: “Hay que mostrar que la forma actual de la masculinidad no es sino una forma histórica, modificable y no necesaria y hay que encontrar caminos para proceder a esa modificación. (…) Instalados en una posición social de dominio –en relación a las mujeres- a los hombres no les ha sido preciso analizar sus formas de comportamiento, sus problemas, sus reacciones, y tienden a pensar que su forma de proceder es natural, espontánea, derivada de su personalidad, comportamientos y actitudes percibidos como intocables.”


En España ya existen desde hace años, talleres para que los hombres desarrollen habilidades para el trabajo doméstico. También han impulsado nuevas metodologías para que enfrenten su problema con la violencia de género. Es decir están trabajando en la inclusión de los hombres en la construcción de políticas pro-igualdad.
Sin duda el reto de incrementar la presencia de nuevos hombres, no es un asunto privado, sino público. También es un asunto que promueve nuevas prácticas y leyes, ya que se puede generar igualdad en las organizaciones laborales cuando enfocamos el cuidado de los hijos de otra manera,-no solo como un asunto de mujeres-. Ahora mismo, se aborda en forma segregada el cuidado de los hijos, delegando esta tarea a las mujeres.



El avance de la igualdad en tareas de cuidado de los hijos es difícil de calcular, se puede apreciar cuando se reconoce en los contratos, que los hombres igual que las mujeres, tienen deberes en la crianza de los hijos y por lo tanto derecho a permisos para brindarles cuidados. Es muy interesante ver los días que otorgan como permiso de paternidad en los países que ya incorporan esta prestación de algún modo en su legislación laboral. En un estudio de la Organización Internacional de Trabajo  (OIT), que revisó 187 países del mundo se encuentra la siguiente situación:




DÍAS LABORALES  QUE POR LEY SE CONCEDEN A LOS TRABAJADORES POR CONCEPTO DE CUIDADOS PATERNOS DE LOS HIJOS
Estados Unidos  de América
84
Islandia
90
Noruega
112
Suiza
70
Reino Unido
14
Francia
11
España
15
Australia
14
Nueva Zelanda
14
Brasil
5
Argentina
2
Paraguay
3
Chile
5
Perú
4
Colombia
8
El Salvador
3
México
0
Kenya
14
Siria
6
Fuente: véase Maternity and Paternity at Work: Law and practice across the world, OIT, 2014).[i]


En México tenemos aún muchos retos para el desarrollo de políticas públicas que incluyan enfoques de igualdad, que coloquen en la agenda, con decisión, acciones para la transformación de las viejas prácticas patriarcales. En este sentido, la celebración y los regalos que se otorgan en las instituciones para “los papás”, apenas llegan a enunciar un incierto festejo de la procreación, pero carecen de contenido innovador, en tanto no logren posicionar esta fecha como parte de  un programa más amplio y más claro dentro de las políticas de igualdad de género.  Por el contrario lo que se hace es una simulación de avances de género que obscurecen aún más el panorama de la desigualdad.


La demanda de permisos de paternidad no está siquiera en el imaginario de muchos hombres mexicanos, que apenas tienen trabajos informales. Tampoco se avanza en la plataforma de las grandes centrales de trabajadores, reacias a las políticas de igualdad de género. Cierto es que los mayores avances se advierten en las unidades de género de diversas entidades gubernamentales que inician un acercamiento al tema, dentro de sus comités de desarrollo de una nueva cultura institucional, que van aprendiendo y capacitando para contar con miradas críticas a los estereotipos de género, así como a la comprensión de las nuevas paternidades. No obstante, a la hora del festejo de los “papás”, enfrentan la falta de referentes, apoyos y recursos para hacer un mejor trabajo. Se  vacila entre el populismo de un festejo masivo y carente de contenido o bien,  -de contar con algún recurso económico-, los eventos apenas se acercan a sensibilizar a los hombres sobre su paternidad.


El silencio y la omisión del estado al respecto, o la reproducción incontrolable de estereotipos masculinos tradicionales desde los medios de comunicación, afectan el avance efectivo en las políticas de igualdad de género.



[i] Puede consultarse en línea http://www.ilo.org/global/topics/equality-and-discrimination/maternity-protection/publications/maternity-paternity-at-work-2014/lang--en/index.htm

[1] Coral Herrera Gómez, http://blogs.elpais.com/eros/2013/09/los-nuevos-hombres-nos-gustan-a-las-nuevas-mujeres.html

[1] Puede consultarse en línea http://www.ilo.org/global/topics/equality-and-discrimination/maternity-protection/publications/maternity-paternity-at-work-2014/lang--en/index.htm

miércoles, 27 de mayo de 2015

Las maestras mexicanas y su contribución al cambio social y educativo (parte 2)



Pero el arrojo de estas profesoras impulsa la secularización educativa, indispensable en la nación, al ser el laicismo la puerta de entrada a la modernidad. La iglesia católica defiende sin reservas la educación religiosa en las escuelas públicas, y al ser las maestras un factor determinante en las escuelas rurales y en las misiones culturales, en un buen número de ellas se les hace pagar su entusiasmo con golpizas, violaciones, asesinatos.  (Carlos Monsiváis, 2009)



Actualmente la importancia de la labor educativa y social de las maestras rurales mexicanas, ha sido abordado en diferentes investigaciones tales como los trabajos de Ana Macías, Gabriela Cano, Ana Lau Jaiven, Carmen Ramos, Mary Kay Vaughan, Luz Elena Galván, Oresta López, Elsie Rockwell, Elvia Montes de Oca, Salvador Castillo, Yolanda Padilla-Salvador Camacho, Norma Ramos, Teresa Fernández, Rosa María González, entre otras. La mayoría de estos estudios son recientes, generados en los últimos 30 años.


En mi caso, me he dedicado a estudiar a las maestras mexicanas desde hace más de dos décadas y media,  fue a partir del estudio de las maestras rurales hidalguenses , que pude comprender una lucha olvidada: la lucha que emprendieron las maestras para la conquista de derechos reproductivos y la igualdad salarial. Mismos, que fueron conquistados durante los años en que Narciso Bassols estaba al frente de la SEP,  en 1933. Anteriormente se  mantuvieron diversos reglamentos que señalaban el cese de las profesoras en caso de casarse o de embarazarse y sus salarios eran por lo general inferiores a los de los hombres, pues les daban el estatus de ayudantes de los profesores varones.


Por entonces, los docentes no contaban con seguro médico y aunque desde el porfiriato se favoreció la feminización del magisterio, la SEP posrevolucionaria mantenía los viejos reglamentos moralizantes y de negación de la maternidad de sus empleadas, incluso negaban la imparable presencia de mujeres, así como su real colaboración en los proyectos posrevolucionarios y como fundadoras de la educación en el medio rural e indígena.


Los estudios han mostrado que las maestras iban a las comunidades pese a los riesgos que implicaba realizar su labor en un país que aún no se pacificaba y los ataques de cristeros en contra de agentes del gobierno eran constantes en ciertas regiones. Sin duda alguien que trabaja en estas condiciones es una muestra de que necesitaban el trabajo por ser pobres, como efectivamente lo eran la mayoría de ellas, pero también es importante decir que no pocas, tenían aspiraciones nacionalistas auténticas y que se unieron a los ideales de cambio y de reconstrucción nacional que impulsaban los gobiernos postrevolucionarios.


El reto  para cualquier investigador que haga historia de las mujeres, radica no solo en recuperar las evidencias de la presencia de las mujeres, sino en tratar de interpretarlas, lo cual solo es posible a partir del uso de herramientas conceptuales para hacer visible lo invisibilizado, en este caso, se trata de conocer los dispositivos de poder que permitieron la hegemonía de las políticas sexuales de corte patriarcal que subyacen en el sistema educativo.


Hablar de derechos reproductivos y de temas vinculados con la sexualidad humana, en los años treinta era desde luego todo un reto, pero la política médica vigente mostraba interés central en el cuidado del niño ante tanta mortalidad infantil y por ello algunos médicos se inclinaron por apoyar la autorización de permisos de maternidad a las profesoras con pago de salario completo, argumentando que era indispensable que sus hijos no fueran expuestos a la muerte y que el estado necesitaba también el trabajo de las profesoras.
En los testimonios que recuperé de las profesoras sobrevivientes a la educación socialista, encontré datos que muestran que pese a haber cambiado ganado el derecho a los permisos de maternidad, las autoridades y los padres de familia no veían bien que las maestras se embarazaran, lo veían como un mal ejemplo para las niñas. Entonces las maestras, aprendieron a negociar y a ir ejerciendo sus derechos reproductivos y al hacerlo también promovían ciudadanía femenina, pues fueron ejemplo de cambios importantes en la condición de las mujeres, al mostrar que estaban dispuestas a ejercer sus derechos y que podían ser madres y profesionistas.


Así, muchas chicas de extracción humilde, al convertirse en maestras, entraban a nuevos escenarios de socialización que las cambiaban como mujeres: por ejemplo, se cortaban las trenzas, se vestían de otra forma, actuaban en público y tomaban decisiones como empleadas con derechos. Todas las maestras se preparaban de acuerdo a las necesidades que entonces implicaba el trabajo en las escuelas y comunidades, sabían bordar y coser, algunas manejaban armas para protegerse en los caminos y la mayoría sabía montar a caballo, sembrar la tierra, preparar comidas, curar enfermos, atender partos, recitar, cantar y bailar.  La SEP las mostró como modelos de mujer del México posrevolucionario y pronto fueron incluso temas de novelas, de poesías, corridos y de las artes gráficas, Hasta en el cine, fueron personajes fuertes como en Río escondido y motivo importante en los murales de Diego Rivera.


En los más de 13 mil expedientes guardados en cajas en el Archivo de la Histórico de la SEP, podemos conocer las trayectorias profesionales de las maestras, ahí aparecen sus cartas, sus historias y sus reclamos a la SEP, son voces de mujeres que se negaban a ser tratadas como sub-profesionales y que reclamaban igualdad de trato, en la capacitación, en los derechos y en los beneficios laborales. Ahí constatamos que sólo nuevos esfuerzos historiográficos con perspectiva de género pueden hacer visibles a esas mujeres rebeldes que se enfrentaban a las estructuras de un discurso de género hegemónico, para reconocerlas, recordarlas e incluirlas a la memoria de este país.



[1] CANO, Gabriela, Mary Kay Vaughan y Jocelyn Olcott (compiladoras) Género, poder y política en el México posrevolucionario, Fondo de cultura Económica, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México, 2009, p, 31.

[1] LOPEZ Pérez, Oresta  Alfabeto y enseñanzas domésticas, el arte de ser maestra rural en el Valle del Mezquital. México, Colec. Antropologías CIESAS-CECAH, 2001.


miércoles, 20 de mayo de 2015

Las maestras mexicanas y su contribución al cambio social y educativo (parte I)

“En … Santa Rita, municipio de Tacámbaro,
la maestra María Salud Morales fue asesinada alrededor de las cuatro de la tarde del 16 de junio de 1937 [según el Diario El Machete] 
La profesora Morales, ha dado un ejemplo de entrega y de sacrificio.
Desde que llegó al lugar notó la oposición
de un grupo de fanáticos que trataron de amedrentarla para que se fuera.
 La profesora, comprendiendo el peligro en que se encontraba, se negó a salir del lugar, pero si se procuró una pistola.
Con ella, la maestra impuso respeto a los cristeros
que en muchas ocasiones trataron de asaltarla
en el trayecto del pueblo de Tecario a la escuela.
En otra ocasión los cristeros incendiaron la escuela.. […]  
agredieron a la maestra dentro de la escuela,
y sorprendiéndola cuando estaba desarmada
la mataron a golpes con palos y piedras.”

Citado por David L Raby,  (1974; 150-151.)





En la historia de las mujeres mexicanas, deberían aparecer en una posición importantísima, las maestras de escuela, que desde que aparecieron como trabajadoras del estado a finales del siglo XIX, han cumplido el papel de apoyar la secularización de la educación de las masas, de impulsar la alfabetización de las clases subalternas, de promover la inclusión de prácticas educativas modernas y más aún de ser los modelos de mujer profesional y autónoma, que eran y son ejemplo y han marcado el ritmo de cambio del resto de mujeres y niñas.
Durante el Régimen de Porfirio Díaz se empezó a hablar de modernizar la educación, siguiendo las pautas europeas, por entonces el pedagogo Pestalozzi, planteaba que las mujeres podrían incorporarse en formas excelentes al magisterio, que por entonces era un oficio de hombres. A finales del siglo XIX se abrieron escuelas para formar maestras, eran escuelas secundarias, academias y colegios y posteriormente con la fundación de las primeras normales para mujeres, aparecieron las primeras normalistas formadas en las ideas avanzadas de la pedagogía objetiva y moderna.


En México, estas maestras eran visibles en las grandes ciudades al frente de los colegios de niñas que por entonces se estaban abriendo para hacer efectiva la ley de educación obligatoria para niños y niñas. Eran pocas y ocupaban un lugar segregado por género: las maestras educando niñas y los maestros a los niños.


Después de la Revolución de 1910, José Vasconcelos, como nuevo secretario de educación, llamó a las mujeres alfabetizadas a sumarse a las cruzadas alfabetizadoras del nuevo gobierno. Miles de jóvenes se sumaron en forma voluntaria a estas tareas. Posteriormente el gobierno promovió los más importantes proyectos educativos para la educación rural de que se tuviera memoria en nuestro país. Nuevamente miles de jovencitas se sumaron a las acciones educativas, fundando escuelas incluso en los lugares más apartados y agrestes. Siendo aún niñas, muchas de ellas enfrentaban la resistencia de grupos conservadores y caciques a los proyectos educativos del gobierno. No pocas de ellas fueron agredidas, violadas, mutiladas y asesinadas por llevar las propuestas educativas que los gobiernos de Calles y de Cárdenas llevaron adelante: la educación socialista, la educación sexual y la puesta en marcha de la reforma agraria entre otras. Además de sus tareas en el aula, se ocupaban de la organización de los campesinos en ligas y sindicatos para la defensa de sus derechos.


En 1937, el Diario El Machete mencionaba que más de 200 maestros y maestras habían sido asesinados por los rebeldes cristeros y que una cantidad incontable había sido víctima de diferentes agresiones que afectaban a los profesores y profesoras. Múltiples escuelas habían sido quemadas, apedreadas y en el mejor de los casos sometidas a boicots por pate de elementos reaccionarios de los pueblos.  En algún momento de los años cuarentas, por disposición oficial, dejaron de mencionar a los y las mártires de la fundación de la escuela rural mexicana, considerado un periodo lleno de odio y diferencias con el gobierno revolucionario.


En mis investigaciones históricas, he podido construir una base de datos de más de diez mil maestras rurales del periodo 1924-1945, a partir de los expedientes personales del Archivo Histórico de la SEP, que se encuentra en el Archivo General de la Nación. Con esta información podemos saber que la mayoría de las maestras mexicanas de la primera mitad del siglo XX eran solteras, muy jóvenes, con estudios de primaria y muy pocas con título de normalistas. Se capacitaban en los cursos que las misiones culturales ofrecían en las regiones del país y ganaban un peso diario, sin contar sábado y domingo (20 pesos al mes) pero en algunos lugares –como bien lo documentó la historiadora Norma Ramos para el caso de Nuevo León- había maestras que ganaban menos de $15 pesos al mes. Por entonces no tenían seguro médico y por lo tanto, en caso de casarse o embarazarse tenían que renunciar a su empleo, pues la SEP quería señoritas profesoras.


Al tratar de fundar escuelas y llevar adelante los proyectos del gobierno, las jóvenes maestras se enfrentaban al atraso de los pueblos, al poder de los hacendados y caciques y al poder educativo que tradicionalmente tenía la iglesia en la educación.  Los expedientes están llenos de peticiones de garantías por alto nivel de violencia en las comunidades para llevar adelante su trabajo y también de múltiples solicitudes de permisos por enfermedades (el paludismo era incontenible) y de cambio de lugar de trabajo y de renuncias porque el salario era bajo, porque las amenazaban o porque se querían casar.


Monsiváis se refiere a ellas como:


Con valentía y desinterés, apegadas a las causas que benefician al pueblo y las mujeres (lo que entonces se llamaba “mística”), decenas de miles alfabetizan y hacen trabajo político entre 1920-1940. Son promotoras, activistas de partidos y grupos, y son también mártires de la “piedad” homicida de las turbas de cristeros y sinarquistas, y las víctimas de un proyecto radical de la década de 1930, muy fallido y declamatorio: la “educación socialista”, y de un proyecto necesario que la derecha y el clero impiden con fanatismo: la educación sexual. 


El reto de recuperar historias de mujeres en posiciones marginadas o las que vivieron tiempos violentos, radica asimismo en poder visualizar la violencia de género que marca sus vidas. Es importante usar el nuevo lenguaje que nos ofrece la teoría de género para releer las violaciones y otras agresiones que vivieron las maestras pioneras de la educación rural en el México de la posrevolución. 



[1] Carlos Monsiváis, introducción al libro Gabriela Cano, Mary Kay Vaughan y Jocelyn Olcott (comps.) Género, poder y política en el México Posrevolucionario, México, Fondo de Cultura Económica, Universidad Autónoma Metropolitana, 2009,p. 31.
[1] Oresta, López  Pérez, “Las maestras en la historia de la educación en México contribuciones para hacerlas visibles, en Sinéctica, No. 28, Febrero-julio, 2006

miércoles, 13 de mayo de 2015

De los maestros y maestras en los tiempos de la Revolución

 La Revolución exige que el maestro de la nueva escuela
no esté al servicio de los grandes intereses moopolizados
por las oligarquías territoriales o industriales,
que no sea un agente al servicio del egoismo
de las clases privilegiadas sino, por el contrario,
un obrero que pone su saber, su voluntad, su corazón,
al servicio, al servicio de la causa siempre justa de los oprimidos.
Ignacio García Tellez, Secretario de Educación en 1935.


En estos tiempos de voces que culpabilizan a los maestros por la crisis educativa y de sentencias fáciles de algunos candidatos, que en formas irreflexivas, plantean que la educación va mejorar si desaparecen las normales rurales, quisiera recordar que este país ha recibido en los momentos más duros, las ideas innovadoras y la voluntad y acción de cambio de los maestros y maestras de escuela. Se trata de una historia que es parte inseparable de lo que es la educación y el Estado mexicano. Hay una historia por recordar, en la que los profesores fueron considerados intelectuales orgánicos de la primera revolución social del siglo XX, la Revolución mexicana.


            Para el historiador James D. Cockcroft, académico de la Universidad de Texas, entre los intelectuales que instigaron la Revolución Mexicana, se encontraban dos tipos de profesionistas que jugaron un papel importante: los abogados y los maestros. Los primeros eran conocedores a fondo de los contenidos que se debatían en el debate parlamentario, aunque no se les veía muy comprometidos con los movimientos sociales y eran más bien distantes de las demandas de las masas, un licenciado destacado fue Venustiano Carranza. Mientras que los profesores, dice, eran “ingenuos, espontáneos e idealistas”, conocedores de las condiciones precarias de vida de las familias pobres de campesinos y obreros.  Gozaban de la confianza de comunidades completas, que seguían sus consejos y sus enseñanzas. No había ningún otro profesionista que lograra la cercanía auténtica que tenían los maestros y maestras con las comunidades y agrupaciones obreras.


            Así, el profesor texano, con amplio conocimiento,  rescató también el profesionalismo patriótico de los periodistas hombres y mujeres que jugaron un papel central para promover un periodismo crítico al régimen de Díaz, aun ejerciendo en las condiciones más riesgosas. Muchos periodistas hacían solos todo el trabajo editorial, desde la escritura de los textos hasta la puesta en marcha de las imprentas. Era común, que cuando publicaban notas que no le gustaban a Porfirio Díaz, eran aprehendidos, apaleados, aislados y sus imprentas destruidas. Algunos tuvieron que vivir el exilio obligado y publicar desde el extranjero, otros tenían que fundar y refundar periódicos para dar continuidad a su labor de comunicadores en tiempos de adversidad. La revolución surgió reclamando la desigual distribución de la riqueza, la falta de libertad de imprenta y de expresión, así como señalando la renuncia a los principios liberales elementales para la no reelección  traicionados por parte de Díaz. Una red de periodistas, abogados y maestros difundían las ideas revolucionarias y se sumaron a los grupos revolucionarios al lado de campesinos y obreros descontentos.


Otros profesionistas, que también tuvieron participaciones revolucionarias fueron los ingenieros agrónomos, conocedores de los problemas agrarios y que en algún momento ofrecieron sus conocimientos para articular adecuadamente las demandas agrarias y posteriormente las reformas posrevolucionarias en torno al reparto de la tierra.


Los maestros, desde el periodo de Díaz, asumieron su apostolado liberal a favor de la educación de las masas y posteriormente muchos apoyaron la lucha a favor del cambio de régimen,  fueron promotores desde la base, de levantar las demandas sociales y de jugar papeles de liderazgo desde el inicio mismo del movimiento. Francisco Bulnes, decía que los profesores de banquillo realmente eran profesionales abandonados por el régimen porfiriano, que estaban resentidos pues estuvieron sometidos por largo tiempo a los salarios más bajos (ganaban lo mismo que un conductor de carretas) y nunca recibieron el reconocimiento que se merecían.


Entre los maestros hubo muchos luchadores anti porfiristas, encontramos, por ejemplo a Otilio Montaño, que acompañó el proceso de construcción de las demandas agrarias del Zapatismo en Morelos, a Antonio I. Villareal que fue el Presidente de la Convención de Aguascalientes, a Manuel Chao que colaboró con el villismo y fue Gobernador de Chihuahua, a Plutarco Elías Calles que llegó a estar en la punta del poder en México, primero como presidente y luego como líder moral y Jefe Máximo, en el periodo conocido como el Maximato (1924-1934).


En la historia de San Luis Potosí encontramos también a maestros revolucionarios, como  a Librado Rivera, que estudio en la Normal del Estado, donde incluso dio clases a Antonio I. Villarreal. Rivera se unió al anarquismo y al Partido Liberal Mexicano, fue el editor de Regeneración y mano derecha de Ricardo Flores Magón en el exilio; otro maestro-periodista revolucionario fue Luis Toro, quien murió por su actividad antirreleccionista; David G. Berlanga, que fue el secretario de la Convención Revolucionaria de Aguascalientes y dirigió la educación en San Luis, promovió interesantes reformas y murió injustamente fusilado por un lugarteniente de Villa; Luis G. Monzón, también egresado de la Normal, maestro de escuelas, defensor de campesinos y escritor en la prensa opositora de Díaz en el Diario del Hogar. La maestra Dolores Jiménez y Muro, también escritora revolucionaria, encarcelada por sus escritos antirrelecionistas y colaboradora de Zapata en la redacción del Plan de Ayala; Graciano Sánchez, campesino y también maestro de escuela, que llegó a dirigir la primera central de  organizaciones campesinas.


Cercano a los casos de San Luis, otro maestro, Alberto Carrera Torres, pasaba del humilde trabajo en el aula a las tareas políticas más significativas de la historia, como su participación en las huelgas de los mineros de Cananea  y Rio Blanco, así como en múltiples batallas militares y actividades intelectuales de formulación de propuestas nacionales. Algunos morían a favor de la causa del pueblo…otros tuvieron relevancia, los más fueron olvidados un poco después…


Unos de estos [maestros] al combinar sus enseñanzas con la agitación política, encontraron muertes prematuras o fueron exiliados; otros se elevaron a rangos de  significado político y militar al hacer patentes sus radicales puntos de vista en las convenciones políticas y constitucionales de 1914 y 1916. Cuando la lucha hubo terminado y la constitución de 1917 promulgada, la importancia de estos maestros, por lo general, decayó y ellos fueron olvidados.


El olvido ha sido más duro aún  con los aportes a la educación  y a la sociedad de miles de maestras que ya empezaban a ser la mayoría del magisterio rural, que muchas de ellas junto con sus compañeros, fueron intelectuales de base en las acciones post-revolucionarias, fueron los creadores/as de miles de escuelas, de ligas agrarias, de sindicatos y de acciones a favor de la alfabetización de adultos, de gestores de la dotación de ejidos, promoviendo acciones sanitarias en los pueblos, así como impulsando el comercio de las artesanías, las fiestas cívicas y la nueva organización social, que de conjunto sentó las bases y dio fuerza al nuevo estado revolucionario,  a lo largo del siglo XX.


Algunos de ellos y ellas, perdieron sus vidas o fueron afectados en su integridad personal, por los rebeldes cristeros, o fueron víctimas de las duras condiciones sanitarias que prevalecían en ciertas regiones del país.

 
Cuando algunos políticos dicen que van a desaparecer las normales, por temor a su politización y radicalismo o prometen mayores presiones a los maestros, por los errores de sus malos líderes sindicales,  los ciudadanos debemos considerar que estamos frente a problemas más complejos,  que no se resolverán eliminando escuelas o a personas, que requieren una reforma educativa auténtica, consensuada e integral que tenga memoria de su historia, transparencia y capacidad de diálogo.


            Algo de esos maestros del pasado está aún presente en la memoria que alimenta las luchas de los futuros maestros de las normales rurales, decir que no se necesitan en este país a más maestros cuando aún no ganamos la lucha contra el analfabetismo, o peor aún criminalizar a todos los normalistas rurales, se convierte en un discurso desafortunado para quienes aspiran a un puesto de representación política. La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa nos sigue doliendo a los mexicanos y no hemos encontrado por parte de quienes están habilitados para hacer justicia, un mensaje convincente, respetuoso y con memoria que anuncie una interlocución más comprometida con la ciudadanía.